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Las inversiones y el medio ambiente

Habeas ambiente

Sebastiao Pinheiro

 

La celulosa es la epidermis del desarrollo, y estoy muy cercano a ella desde que hice el curso de posgrado en la Universidad Nacional de La Plata, Argentina, cuando tomé conocimiento de que en la región metropolitana de Porto Alegre, del otro lado del lago Guaiba, los noruegos construirían una planta de celulosa que funcionaría por el método del sulfato, con una capacidad superior a 60 mil toneladas/año. Ellos iban a aprovechar las plantaciones de acacia negra como materia prima -útiles por sus cáscaras para la extracción de taninos- y sembrarían gigantescas áreas con eucaliptos, pero la región era arrocera y ganadera y no había tierras apropiadas o recomendables para uso forestal.

El primer problema que identifiqué fue que las plantas al sulfato reutilizan todos los insumos, por eso es un método muy barato, pero sus efluentes aéreos, cargados con mercaptanos y sus oxidados, son muy nauseabundos en distancias de más de 60 kilómetros, por lo que su instalación no es recomendable cerca de ciudades o en la dirección predominante de los vientos que llegan a ellas.

En Guaiba la planta fue autorizada a instalarse a menos de 5 kilómetros de Porto Alegre, en la otra margen del río Guaiba y en la dirección predominante de los vientos durante más del 80% del año.

Al tomar conocimiento de aquel absurdo, como estudiante de ingeniería forestal busqué cambiar el tema de mi disertación, que sería sobre el Parque Nacional de El Palmar, en Entre Ríos, uno de los lugares más lindos de la querida Argentina. Fue muy difícil, pero los profesores accedieron y pude cambiar para: "Aspectos que hicieron factible la instalación de la Cía.

Borregaard en el municipio de Guaiba. Sus aspectos negativos para la empresa y para el ecosistema portoalegrense". La inversión era de la corona noruega, con un poco de dinero del banco Borregaard y otras empresas del grupo Borrstaadt, pero el principal inversor era el Banco Nacional de Desarrollo Económico de Brasil, que solamente diez años más tarde agregó a su denominación la palabra Social y por tanto una S en su sigla, BNDES, que aún hoy es el mayor financista del desarrollo nacional.

Los restantes inversionistas eran capitalistas internacionales disfrazados tras la ADELA (Agencia de Desarrollo Latinoamericano), pues el FMI y el BM habían decidido la participación de países en desarrollo en plantaciones de celulosa y producción de papel en América Latina, por el bajo costo de la tierra, de la mano de obra y por la ausencia de controles de la contaminación.

El nombre era "Programa Nacional de Producción de Celulosa y Papel", pero en verdad el contexto de la bilateralidad preveía el crecimiento de la demanda de papel y celulosa, y eso podía colocar a "Occidente" en desventaja con el otro bloque. Entonces, los nativos debían crear condiciones para impedir que la prensa dependiera de la celulosa y el papel de alta calidad y bajo precio proveniente de la taiga soviética, que podría bloquear las entregas y provocar daños a la máquina de propaganda occidental.

Para un estudiante, aún más en La Plata, era muy triste saber que en su país, en su ciudad, no habían sido tomadas en cuenta las famosas leyes noruegas de protección al medio ambiente, control de la polución hídrica y aérea, provenientes del siglo XIII. Se ignoraban los más elementales principios de aquella época, y la dictadura local impedía cualquier conocimiento, estudio o cuestionamiento.

Cuando presenté el oficio de la Escuela Superior de Bosques en Borregaard estuve cuatro horas esperando, siendo después interrogado por agentes de seguridad y por un químico que poco o nada conocía de los compuestos halogenados en los efluentes, o de mercaptanos y sustancias azufradas en la atmósfera, las más nauseabundas que alguien pueda soportar.

Después del interrogatorio, me prohibieron la entrada a la empresa y hacer cualquier entrevista. Tuve que recurrir a terceros, que no podían dar sus nombres ni hablar en sus oficinas o casas.

La empresa empezó a funcionar cuando yo estaba terminando la tesis. Los periódicos decían que los niños vomitaban en las escuelas y los jóvenes en las calles. Las áreas arroceras fueron sustituidas por plantíos de eucaliptos hechos con dinero público (subsidios). Guaiba, ciudad balneario, perdió en un año todos los turistas y sus playas quedaron cubiertas con el lodo verde de la fabricación de celulosa. Las quintas de veraneo perdieron precio y la crisis inmobiliaria se extendió por toda la zona sur de Porto Alegre.

Pero, lo peor fue que la pesca artesanal de camarón y bagre, con destino a la exportación, comenzó a disminuir provocando la pérdida de más de tres mil empleos.

Era sabido que ninguna fábrica de celulosa exportaría el producto sin blanquear, ya que en Europa ya se habían consolidado los cuestionamientos a los blanqueos con cloro y a la formación de dioxinas.

Después de un mes de funcionamiento, la empresa fue cerrada por las autoridades estaduales, en crisis con el gobierno militar del señor Geisel.

Abrió, cerró, abrió de nuevo y después los noruegos vendieron su participación, y los militares la adquirieron con dinero público. Un general fue colocado para traer buenos olores a la apestosa fábrica, que pasó a llamarse Riocell.

El proceso fue cambiado y se dejó el método del sulfato, pasándose al sulfito, que no contamina el aire, pero que es mucho más contaminante para el agua.

El Banco de Brasil financió 50 millones de dólares -dinero público nacional- para la construcción de una "estación de tratamiento de efluentes hídricos".

Ahora, el grupo Aracruz Celulosa, con íntimas conexiones con las coronas inglesa y noruega, y también con el grupo British American Tobacco, es el nuevo dueño que propone al gobierno el plantío en los latifundios del sur de Rio Grande del Sur, nuevamente con financiación pública, de los créditos de Fijación de Carbono, Sumideros de Carbono y Protocolo de Kyoto.

Dicen algunos filósofos que el futuro es la reedición del pasado. Cuando el diputado Nasser, de Espíritu Santo, propuso una ley para condicionar la plantación de eucaliptos en áreas de Mata Atlántica devastadas, o en tierras de pequeños agricultores familiares, a la previa realización de un estudio de impacto socio-económico y ambiental, fue perseguido como si fuera un demonio por la prensa al servicio de la empresa.

Aracruz Celulosa, por ser una empresa dedicada a la exportación, recibe una devolución de impuestos en forma de un crédito que se habilita y debe ser depositado en su cuenta por todos los contribuyentes.

Es verdad que los gobiernos pueden hacer muy poco contra las gigantescas empresas, pues necesitan dólares para pagar los servicios de la deuda externa, creada para eso. Pero enajenar tierras agrícola-ganaderas y aguas nobles, por falta de recursos, debería ser discutido con las poblaciones y gobiernos de los países ricos, de donde surgen estas inversiones, pues la guerra fría y la carrera armamentista ya terminaron, y vivimos en una aldea global. ¿O no? La tesis está en castellano. Mi error, fue no haberla escrito en noruego y enviado al Parlamento de ese país, como un Habeas Ambiente.

 

El autor integra el Departamento Agroecología de la UITA www.rel-uita.org. Publicado en La Republica el 22 de Marzo 2005.



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